Las continuas glaciaciones y la llegada del ser humano, que no dejaba de perfeccionarse en el arte de la caza, parecen haber sido las principales causas de la extinción masiva de mamíferos en Sudamérica a finales del Pleistoceno.
La desaparición de buena parte de nuestra megafauna prehistórica se produjo con relativa rapidez, y tuvo como testigo a la distancia a un pequeño cánido que hoy recordamos y llamamos con orgullo Guará; el zorro-lobo de Malvinas.

Un primo que le trota de cerca…
En el laboratorio del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia se realizaron análisis genéticos a los especímenes encontrados. Los que determinaron que su pariente vivo más cercano es el aguará guazú, una especie en grave peligro de extinción. Y si los nombres también se parecen, no es casualidad. Porque el Aguará, cuyos ancestros se asentaron en tierras más cálidas, del centro-norte argentino y sur paraguayo, eran bien conocidos por los paisanos de la zona en el siglo XVIII. Y cuando a principios del XIX la Armada Argentina ocupó las islas del Atlántico Sur, los intrépidos navegantes procedentes de la región pampeana notaron que el zorro-lobo se parecía mucho al Gran Zorro del Norte. Asique lo bautizaron en su honor “Guará” (Te debo la explicación de por qué no Aguará. Mi guaraní está un poco oxidado).

La Odisea de los Cánidos
Sus ancestros llegaron desde América del Norte durante el período Pleistoceno, tras la formación del istmo de Panamá, que propició grandes migraciones animales.
Se dispersaron por todo el territorio de Sudamérica. Y mientras que especies como la que dio origen al lobo de crin (Aguará Guazú) optaron por asentarse en la pampa y el litoral de nuestro actual país, otras continuaron su viaje al sur, adentrándose en la Patagonia.
Puentes de hielo que unían por entonces el continente con las Malvinas habrían permitido a los antepasados del zorro-lobo alcanzar estas islas. El hielo se derritió al final de la última glaciación, el nivel del mar volvió a subir y las especies terrestres quedaron aisladas para siempre.
Por eso su primo de menor tamaño, el guará de la Gran Malvina, y el guará a secas fueron los únicos mamíferos nativos de estas islas.

Complexión física y dieta
El zorro-lobo comía pingüinos y otras aves de la zona. También cachorros de lobo marino y puede que carroña, como los lobos y zorros modernos cuando están hambrientos después de una mala cacería. Medía casi un metro de largo. Su grueso pelo se había adaptado a las inclemencias del clima, y tenía extremidades poderosas para su tamaño.
El naturalista Charles Darwin tuvo ocasión de conocerlo, durante la expedición del Beagle, y quedó maravillado con su mansedumbre y docilidad.
Pero también vaticinó que era solo cuestión de tiempo para que ese simpático cánido enfrentase el inexorable destino de la mayoría de especies que han existido en el planeta Tierra: la extinción.
Pues una vez asentado el hombre en su territorio, y siendo la principal actividad de los colonos la ganadería ovina, el guará sería visto como un peligro para sus animales domésticos y lo exterminarían.

Dicho y hecho
En 1876, un granjero inglés mató de un escopetazo al último ejemplar, cansado de que se comiera sus corderos.
Así los argentinos nos vimos privados no solo de esos territorios ilegítimamente, sino también de una especie autóctona que llevaba milenios habitando allí.
Lo cual debe llamarnos a reflexionar sobre la magnitud del impacto que la Humanidad tiene en su entorno al interactuar con él. A replantearnos nuestra posición privilegiada en este mundo que, como sobrevivió al paso de tantas otras especies dominantes, un día no muy lejano podría también prescindir de nosotros.
Guillermo Fernández, Copywriter y Guionista.
Fuentes:
Zorro-lobo de Malvinas (Dusicyon australis) · ArgentiNat
La enigmática extinción del linaje del zorro de Malvinas | CONICET
