Necesito descargarme. No sin antes advertirte que este artículo contiene spoilers y referencias a varias películas de la saga Jurassic Park/Jurassic World.

Ahora sí, mi catarsis:

Supe del Giganotosaurus en 1999. Tenía diez años y era ya un entusiasta de la fauna prehistórica. Como argentino, me enorgulleció descubrir que un carnívoro más grande (en realidad, más largo) que el Tyrannosaurus había vivido en la Patagonia.

Visité el lugar de su hallazgo, en un viaje familiar. Me saqué una foto con el muñeco a escala que se yergue majestuoso en medio de aquel desierto. Y me empecé a imaginar qué aspecto le darían en la siguiente entrega de Jurassic Park. Steven Spielberg no podría ignorar al nuevo rey de los dinosaurios. Sería el antagonista perfecto, y un nuevo y feroz terópodo le sentaría bien al a franquicia. Aunque no estaba nada claro que fuera a haber una secuela de El Mundo Perdido.

Vacaciones de invierno, 2001: Tengo doce. Ya no voy al cine con mis padres. Voy con mis amigos, y antes de entrar comemos hamburguesas en Mc Donalds y jugamos videojuegos en Sacoa. Llama mi atención al observar los carteles de Jurassic Park 3 que la silueta del esqueleto en el logo no sea la del T-Rex. Tampoco puede ser del Giganotosaurus, esa espina dorsal tan prominente, ni esos brazos ni ese hocico. Se trata del Spinosaurus Aegyptiacus, explicará el doctor Grant. No estoy realmente familiarizado con el animal. Sé que vivió entre finales del cretácico inferior y principios del superior. Debió ser un bicho de temer, sin dudas. Pero me parece exagerado el poder que exhibe en el film de Joe Johnston. Baja aviones, hunde barcos y le rompe el cuello a un Tiranosaurio que se cruza mientras persigue sin un motivo aparente a los humanos por la Isla Sorna. Esta última acción le ganó la antipatía de muchos fans, incluyéndome, aunque después lo perdoné. Después de todo, así es la naturaleza; sobrevive el más fuerte.

Hoy recuerdo a Tricicloplot como un villano digno del logo de su película.

Tal vez en Jurassic Park 4 le den una oportunidad a nuestro orgullo nacional, pienso.

Pasan los años. Nada.

Junio de 2015: se estrena Jurassic World y los amantes de los reptiles que no reptaban nos enloquecemos. Tengo veintiséis años. Ha pasado agua bajo el puente. Recién estoy aceptando que muchos de mis carnívoros favoritos iban por la vida cubiertos de plumas, cual caranchos colorinches. Pero las ganas de ver al Giganotosaurio están intactas. Y en el trailer aparece uno que puede ser él. Aunque como en el logo volvía a ser el centro un esqueleto de Tiranosaurio, esta vez gris, deduzco que el Gigante del Sur será un actor de reparto. Pero no importa. Lo importante es que aparezca.

Nuevamente, Universal me falla. Además de velociraptores domesticados, el nuevo parque de atracciones cuenta con un híbrido grotesco como protagonista de una peli que fue mucho menos de lo que prometía.

Año 2018: Vivo en otra ciudad y otra provincia. Voy al cine con amigos que hice allí. No me apetecen hamburguesas ni videojuegos. Tomo un par de cervezas antes de entrar a la sala, que luego me dan la excusa para abandonarla cada diez minutos. Fallen Kingdom es la única película de las seis que no vuelvo a ver. Aparece el Carnotaurus Sastrei, chubutense ícono de nuestro registro fósil. Pero al grandote de Neuquén ni lo nombran, y el guion parece escrito por un niño de diez años.

2022: Le escucho decir a Sam Neil en una entrevista que Dominion es la última película y que cuenta con la actuación estelar del Giganotosaurus ¡Enhorabuena! Me emociono casi hasta las lágrimas y ruego que aún esté en cartelera cuando mi contrato a bordo del crucero en que trabajo termine. Si no, renuncio y la voy a ver.

No hizo falta. Estaba aún disponible en los cines de mi ciudad, que ya no es la misma en donde vi la anterior. Estoy de vuelta en mis viejos pagos.

El reencuentro del trío Dern – Neil – Goldblum me llena de esperanza.

Pero el Giganotosaurus…

Duerme la siesta, en su primera escena. Vaya carta de presentación.

Después, le arrebata a Roberta un ciervo muerto que se había encontrado en el bosque. Los terópodos se miden, gruñen, lanzan un par de mordiscos. Rexy cede la presa rápidamente y se aleja.

Un rato más tarde, el Reptil Gigante del Sur intercepta a los protagonistas en una escena de lo más trillada. Me sujeto a la butaca con todas mis fuerzas y el corazón en la boca. Ha llegado el día. No más híbridos ridículos. Qué Indominus ni qué ocho cuartos ¿Indoraptor qué?

¡GIGANOTOSAURUS, papá! ¡GIGANOTOSAURUS CAROLINII! Terópoda Allosáurida Carcharodontosauridae. De El Chocón, Neuquén, Argentina, para más datos.

Escuchemos su espeluznante rugido… Y el cachivache animatrónico lanza un graznido de ganso viejo que aniquila mis expectativas. Un perezoso camina más rápido. No ve nada más allá de su hocico. Jeff Goldblum le estampa una langosta prendida fuego en la jeta, y Chris Pratt lo hace recular con un par de navajazos.

Decirle Giga me parece un abuso de confianza. Siete míseros minutos en pantalla, tuvo. Después de que nuestro cowboy lo manda al bosque con el rabo entre las piernas, no vuelve a aparecer hasta el duelo final con Rexy. Los personajes sobrevivientes están intentando huir del refugio alpino de Byosin. Cuando de la nada, o porque los guionistas en Hollywood ganan muy poco, Giganotosaurus Carolinii y Tyrannosaurus Rex vuelven a verse las caras de cerca. Y en esta ocasión, Rexy no huye. Se defiende con uñas y dientes. Deja todo en la cancha. Pero ya es una señora grande, y su contrincante está en la flor de la edad. Cobra como en el banco, y parece que no cuenta el cuento.

Pero entonces, a falta de un velociraptor piola que le dé una mano, llega un Therizinosaurus ciego a salvarle las papas. Nuestro Giga muerde el polvo en una lucha desigual. Yo me levanto y me voy apenas se oscurece la pantalla. No me interesan los créditos. Ni la música, ni los bloopers, que igual no hubo.  

Veintitrés años esperé.

Aunque, reflexiono luego en casa, nunca supe realmente qué esperaba. Jurassic Park es la saga de Rexy. No hay con qué darle. Y, después de todo, el Giganotosaurio apareció. Que no me haya gustado cómo lo hicieron, es otra cosa. Pienso que hubiera desempeñado mucho mejor su papel en Jurassic World de 2015. No sé en qué estarían pensando cuando inventaron un híbrido que, para más incoherencias del guión ¡Tenía ADN de Giga! Nos habríamos ahorrado las dos pelis para el olvido que vinieron después.

La plata, supongo. La maldita biyuya mueve las plumas que escriben guiones taquilleros.

Ya está. Ya me descargué. Me siento mucho mejor.

Ahora puedo volver a disfrutar las ilustraciones de Jorge A. González, y los recuerdos de mi imaginación.    

Guillermo Fernández
El hombre de los dinosaurios
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